El séptimo día en Menorca nos llevó a descubrir uno de esos rincones que parecen postales vivas: la playa de La Vall. Una cala amplia, de arena fina y aguas transparentes que invitaban a pasar horas entre chapuzones y snorkel. El entorno es totalmente natural, sin grandes construcciones, rodeado de vegetación y con ese silencio que solo se rompe por el sonido del mar.
Tras la mañana de playa, pusimos rumbo a Es Migjorn Gran para visitar su mercadillo. Un mercado pequeño pero con mucho encanto, donde encontramos puestos de artesanía, ropa, joyas y productos locales. Pasear por sus calles, entre el ambiente relajado y la música en directo, fue el plan perfecto para cerrar el día.
Un contraste ideal: por la mañana, naturaleza y mar; por la tarde, colores, aromas y vida local.
